En el primero, cárteles, capos, gobiernos paralelos, fentanilo, Ejército y Guardia Nacional y cómplices entre el empresariado, el mundo financiero y, sobre todo, los políticos. En concreto, la definición sobre la mesa de los llamados “alcances y límites de la cooperación”. Eso lo tiene que tener claro la inquilina de Palacio Nacional.
En el segundo, suspensión inmediata de los envíos de buques con combustibles y crudo a la Isla. El bloqueo a Cuba está vigente. Y en el tercero, nada de imitar el modelo de Brasil y Venezuela para recargarse en China para sacarle la vuelta a la relación comercial con Estados Unidos.
Que la presidenta Claudia Sheinbaum salga una vez más a invocar la “soberanía”, en medio del incendio que amenaza con acabar con el vecindario, es un debate que no resiste la prueba del sentido común.
Eso lo entendió muy bien en enero de 2017, el entonces presidente Enrique Peña Nieto, quien acabó por extraditar a Joaquín “El Chapo” Guzmán.
En 2019 ninguna “soberanía” impidió la captura del secretario de Seguridad panista, Genaro García Luna.
Nadie le acusó recibo de “soberanía” al presidente Andrés Manuel López Obrador cuando en julio de 2024 -por entrega propia o por traición- Ismael “El Mayo” Zambada fue trasladado desde Sinaloa hasta el Paso y de ahí a Nueva York, donde declarado culpable de sus imputaciones ya despacha como testigo protegido.
Y en todo el primer año de gobierno del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, la queja constante en sus mañaneras de la Inquilina de Palacio Nacional es que las autoridades norteamericanas no les comparten la suficiente información sobre sus operativos “bajo la mesa” en territorio mexicano. El último “affaire” entre la DEA y la presidenta deja muy claro que, hay dos agendas opuestas, y que la de los Estados Unidos se está imponiendo.
En el gobierno de la Cuarta Transformación serán unos “soberanos” ingenuos si calculan que desde Palacio Nacional se va a imponer alguna agenda mexicana. Marco Rubio viene a comunicar lo que ya se decidió en la Oficina Oval de la Casa Blanca: solicitar cooperación para, juntos, terminar con la pesadilla.
Si le gusta a la presidenta Claudia Sheinbaum lo que se le viene a plantear, que bien, será bajo el esquema de “cooperación”. Si no, si la “soberanía” se impone dogmática e ideológicamente por encima de la muerte y la desaparición de cientos de miles de seres humanos -de aquí y de allá- ni permiso nos van a pedir. Acabaremos siendo una calca de lo que ya se verá en las próximas semanas -¿o días?- en Venezuela. Ése es el laboratorio



