Conferencia Magistral del Senador Manlio Fabio Beltrones R., Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI y presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, intitulada “Los Retos del Estado Mexicano: las reformas pendientes”, dictada a los alumnos de la Universidad Iberoamericana, Campus Puebla, el miércoles 22 de febrero de 2012, en San Andrés Cholula, Pue.

 

Muchas gracias maestro.

 

La verdad es que nada me da más gusto que haber aceptado esta amable invitación para estar aquí, en la Ibero de Puebla, como lo he hecho en anteriores ocasiones en los recintos de la Universidad Iberoamericana, en distintos espacios de la República Mexicana, para platicar de lo que nosotros estamos pensando en el Senado de la República, como la necesidad de unas reformas de fondo que permitan adecuar a nuestras instituciones, a los momentos que está viviendo el país y sobre todo conducirlo hacia la necesaria modernidad que nos genere textos positivos, que haga al Estado más eficaz y moderno, pero al mismo tiempo que consiga mejores objetivos que los que hemos alcanzado hasta el día de hoy.

 

Agradezco enormemente a Diego, que haya tenido la amabilidad de convocarnos. Y quisiera, aprovechando la presencia de muchas amigas y amigos que veo en el auditorio, iniciar esta conversación diciéndoles que nuevamente nos encontramos en la ruta de la renovación de la Presidencia de la República, en una elección federal que se va a vivir el próximo primero de julio.

 

Parecen muy lejos, sobre todo muchos de ustedes con su juventud me darán la razón, las elecciones del 2006, que hace seis años fueron sumamente accidentadas, que generaron gran incertidumbre, sobre todo por sus resultados tan estrechos entre los partidos políticos y los candidatos que compitieron.

 

Y que llegó incluso a hablarse de la posible ingobernabilidad que se generaba por la incertidumbre de saber si esas elecciones iban a ser calificadas positivamente o iban a ser anuladas.

 

Todo, hace seis años, porque contábamos con una legislación que no preveía lo que eran las competencias electorales cerradas.

 

Difícilmente, incluso esa legislación, se había imaginado la alternancia. Una alternancia que afortunadamente hoy convive entre nosotros y que cada vez la deseamos más, decimos los priistas, sobre todo donde ya perdimos, porque esto nos pondrá en posibilidad de poder demostrar qué tanto hemos aprendido de las derrotas, que enseñan más que las victorias.

 

Pero aquel 2006, que afortunadamente salvamos por tener algunas instituciones que habíamos pensado en el pasado, como es la construcción de un Tribunal Federal Electoral, que al final de la jornada puso orden al respecto e hizo respetar el triunfo de quien estaba impugnado por haberlo logrado por estrecho margen, como es el hoy Presidente de la República. Y que varias fuerzas políticas, entre ellas en la que milito, hicieron posible que se asumiera la Presidencia de la República por el actual Presidente, Felipe Calderón, debido a que la razón jurídica se la había dado el Tribunal Federal Electoral.

 

Aunque la razón histórica habrá de escribirse por mucho tiempo, pero lo que buscábamos era ordenar  bien lo que estaba sucediendo en el país.

 

Y ahí nos dimos a la tarea de procurar con una nueva legislación, por cierto, que esto no sucediera en el futuro, y estamos a punto de probar esa nueva legislación en el 2012.

 

Ya hace un momento nuestros amigos de los medios de comunicación me hacían preguntas al respecto, sobre algunas confusiones que esa nueva legislación pueda estar generando en el ambiente político y entre los electores o aquellos que participan en esos medios de comunicación.

 

Les contestaba que es una legislación moderna, pensada, que gire alrededor de un nuevo modelo de comunicación política, que evite la compra de espacios en los medios electrónicos, que reparta los tiempos oficiales entre los partidos y que lleve sobre todo el espíritu de construir campañas supuestamente más cortas y ordenadas, menos inequitativas.

 

Tres espacios les decía: el primer espacio es el de la competencia interna entre los partidos políticos; posteriormente un espacio intermedio, en el cual se dirimen las controversias electorales, como hoy está sucediendo en muchos partidos políticos; y dirimidas estas controversias, el último espacio de 90 días, al que se deben circunscribir las campañas electorales. Campañas de 90 días, no campañas de seis o nueve meses.

 

Obviamente, mientras la legislación va tomando su carta de naturalización en el conocimiento, los ajustes deberán ser necesarios; pero el espíritu es ese, no debería generar mayor confusión.

 

Hoy, en este espacio, llamado por algunos del “silencio”, que no es así como está legislado; por otros mal llamado de “intercampañas”, porque no puede haber intercamapañas donde no ha habido una campaña previa, lo que sucede es que los partidos habrán de apreciar y también la sociedad, que lo que se busca es que terminen los litigios electorales entre los partidos y que después inicien las campañas de 90 días, con todos en igualdad de condiciones. No unos litigando en un tribunal y otros felices caminando en el espacio electoral.

 

Voy a ponerles un ejemplo: veía hoy en la mañana que el diputado Javier Corral, furioso por su competencia electoral en Chihuahua, impugnaba señalando que hubo fraude en su partido político, cuando seleccionó un candidato a senador, que por cierto no utilizó las mejores artes democráticas, y que iba al tribunal a impugnarlo.

 

Seguro que lo hará porque el diputado Javier Corral es un hombre de una fortaleza espiritual y política sumamente sólida, y habrá de pasar este tiempo en el cual el tribunal calificará si tiene razón o no, y al final habrá un candidato de ese partido político, que en igualdad de condiciones que los otros candidatos de distintos partidos políticos, habrán de competir en igualdad de condiciones.

 

No conozco bien el tema político electoral de Puebla, pero hoy se llevan a cabo varías de las asambleas distritales para seleccionar candidatos del PRI a las diputaciones federales; confío que esas asambleas terminen armónicamente, pero de lo contrario habrá de sujetarse también a la legislación electoral, si hay alguna impugnación que se dirimirá en el tiempo.

 

Afortunadamente nuestra candidata a senadora, Blanca, Juan Carlos, también nuestro candidato a senador, ellos de una u otra manera ya son formalmente nuestros precandidatos que estarán registrados posteriormente, pero sin mayor problema jurídico electoral.

 

No sé como vayan a salir los otros partidos políticos, pero en el caso de que ellos tengan conflicto interno, habrán de dirimirlo en este espacio, para que a partir del mes de abril todos entren a la competencia en igualdad de condiciones.

 

De eso se trata esta legislación, pero en fin, perdón por haberme involucrado en ello, pero hace rato las preguntas eran en ese sentido y como participe mucho en hacer este nuevo modelo de comunicación político electoral, una nueva ley electoral, me veo exigido a hacerles estos comentarios, sobre todo a ustedes, que no los había hecho anteriormente ante ningún otro auditorio, pero esa es la verdad.

 

Comentábamos que el 2006 fue difícil y empezamos ordenando la parte de la política con una nueva ley electoral, para pasar posteriormente a otras reformas interesantes.

 

Sí entramos a la reforma del régimen de pensiones que era muy importante en el país, era un hoyo negro que teníamos que atender porque en el futuro podía detonar peor que una elección competida por la Presidencia de la República, porque las finanzas públicas estaban endebles.

 

Resolvimos ese asunto para ir atendiendo lo urgente y después lo importante. Luego pasamos a temas importantes de la vida nacional que ustedes podrán identificar, incluso alguno de ellos que fue muy debatido, como una reforma en el área energética que le permitió a PEMEX tener más autonomía de gestión que la que había encontrado por muchos años, y también hace que PEMEX se vaya acomodando.

 

Pongo un ejemplo: hoy en día ustedes conocen –que estudian ciencias Políticas– este debate que se está generando alrededor de este Tratado sobre Yacimientos Fronterizos que ha firmado el Gobierno de los Estados Unidos y el Gobierno Mexicano, para explotar esa zona que de una u otra manera si no existe el Tratado, cada quien lo podrá hacer cómo mejor le parezca o le convenga, aunque sea un yacimiento compartido. Y ahí sí, como dicen en mi pueblo, “el que tenga más saliva, que trague más pinole”, pero no se trata de eso.

 

De lo que se trata es que sea justo y legal, y por eso en la legislación del 2008 en la llamada reforma al régimen petrolero, incluimos en la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional el reconocimiento a la existencia de pozos o yacimientos transfronterizos.

 

¿Qué quiere decir eso? que antes de que hiciéramos esas reformas, parecía que no había o no existían los yacimientos transfronterizos. Lógico, verdad, siempre han existido, pero la ley no hacía que estos estuvieran incluidos en ella.

 

Cuando pusimos que los yacimientos transfronterizos existían en la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional, ahí también dispusimos que la explotación de esos yacimientos transfronterizos –no es una ocurrencia, sino es lo que está sucediendo en el mundo– deberían pactarse en un Tratado entre dos países, y que a partir de ello se verían las condiciones para que fuera justo y equitativo el reparto de lo que es la riqueza que estaba en el subsuelo.

 

Cuando hicimos esa Reforma, me acordé de otra que se llevó a cabo hace muchos años –muchos años para ustedes, pocos para nosotros–, y recuerdo como en 1991 se hizo una Reforma al Artículo 130 Constitucional, para por fin poner en la Constitución y en la Ley lo que es la existencia de las Iglesias. Parecía que en la Ley negábamos la existencia de lo que era evidente estaba en el ambiente. Adecuamos la Ley para que ésta reconociera entonces la existencia de las Iglesias y se normara lo que es su trabajo en los siguientes años.

 

Es lo mismo que hicimos en la Ley Reglamentaria del 27 Constitucional, sobre la existencia de yacimientos transfronterizos.

 

Ahora habremos de revisar en el Senado las condiciones en las que se firmó ese Tratado, para saber si están bien redactadas y bien pensadas las formas o las fórmulas de controversia que pueden existir entre los dos países en el momento de la explotación para que nadie saque ventaja sobre el otro y tantos otros detalles que ya conocen quienes han sido senadores y quienes han sido diputados, y quienes pretenden serlo sobre todo, porque habrán de encontrarse con esas tareas.

 

Pero también recorriendo ese camino nos dimos cuenta que era importante adecuar el sistema político en muchos aspectos que son necesarios de contemplar en la vida nacional. Y por eso, hoy está a punto de culminar en la Cámara de Diputados un proceso legislativo muy largo, que es el reconocimiento a la existencia de las candidaturas independientes –sobre todo ustedes que son jóvenes habrán de apreciarlas mucho– y más si los partidos políticos no componen en buena parte lo que es su prestigio y su presencia ante la sociedad. Ahí habrá candidaturas independientes para obligar también a los partidos políticos a que buena parte de ellos enderecen su rumbo.

 

Habrá la posibilidad –estoy seguro– que la Cámara de  Diputados obsequiará lo que se pensó en el Senado de tener consultas populares cada tres años. Si a alguien no le gusta una política pública,  cada  tres años se puede poner a consulta, y es entonces que estamos mandando el poder verdaderamente a la gente y quitándole poder a los políticos  y a los legisladores, ordenando nuestra vida política moderna. Es una reforma que también contempla el hacerse cargo de temas que aparentemente no son importantes, pero en el fondo sí lo son.

 

Yo he platicado en algunos otros auditorios si reconocemos que la  Constitución Política no prevé un mecanismo ágil en estos tiempos, como para saber qué hacer en caso de la ausencia de un presidente por enfermedad, accidente o cualquier otra cuestión o deseos de no estar ahí. ¿Qué sucede? La Constitución actualmente prevé que la Cámara de Diputados resolverá qué hacer en ese momento, como si la Cámara de Diputados fuera tan ágil para resolver algunos de los asuntos que tiene en su poder.

 

Podríamos imaginarnos que en el caso de ausencia del Presidente de la República en turno,  se reúne la Cámara de Diputados y ese mismo día hace surgir al presidente sustituto; como van las cosas, se pueden tardar meses. Pero el país no podría aguantar meses en la ingobernabilidad.

 

Les pongo un ejemplo, de una u otra manera está a debate, pero el Presidente con decisión –yo aplaudo que el haya tomado la misma-hizo su análisis estoy seguro, y dijo las policías en México son insuficientes para atender el problema de la delincuencia y le pidió a las Fuerzas Armadas que salieran a la calle.

 

Las Fuerzas Armadas han hecho un gran sacrificio, que nosotros dentro del PRI saludamos siempre. Creo que nos están auxiliando  en momentos en que las fuerzas públicas civiles han sido incapaces de controlar a la delincuencia. Pero algún día y cuando tengamos la policía eficaz, probada y de calidad que merecemos,  las Fuerzas Armadas deberán regresar a su lugar natural que son los cuarteles.

 

Imagínense ustedes ausencia del presidente y un mecanismo no muy ágil para poderlo sustituir. Pondría el ejemplo, estoy seguro que el secretario de Gobernación en turno –porque ha habido muchos turnos del secretario de Gobernación–, le hablaría al jefe de las Fuerzas Armadas en ese momento, que serían los secretarios de la Defensa y de la Marina, y le diría algo así: “General o Almirante podría usted regresar las tropas a los cuarteles”. Y estoy seguro que del otro lado del audífono  se escucharía una voz “quién habla”. Y le diría “habla el secretario de Gobernación”. “El que secretario de Gobernación de quién”. No habría entonces autoridad.

 

Eso aunque parece difícil de entender, apenas lo estamos intentando resolver. Y lo estamos intentando resolver adecuando, modernizando el sistema político mexicano, que por mucho tiempo permaneció sin movimiento y que incluía la imposibilidad de que un Presidente de la República falleciera, parecía que la carta de presentación es “el Presidente no tiene derecho ni a renunciar, ni a enfermarse, ni a morirse, ni a descansar”.

 

Confieso, era aquella época del partido hegemónico. Es más, el que se atrevía a pensar en eso y ponía una iniciativa en la Cámara lo mandaban de embajador. Le sucedió a un buen amigo mío,  el dice que no, Ricardo García Cervantes, del PAN, que propuso una metodología de cómo sustituir al presidente  en  caso de ausencia absoluta y termino de embajador por Centroamérica. Y eso no fue en las épocas del PRI, fue en las épocas del PAN, en todos lados se cuecen habas.

Por eso es que la urgencia es renovar, modernizar, adecuar, a partir de un  principio, lo que tenemos no nos está dando los resultados que queremos, no estamos creciendo al ritmo que nosotros quisiéramos, 1.4% de crecimiento de Producto Interno Bruto en los últimos 6 años es verdaderamente mediocre. No responde a las necesidades de tanto empleo en el país.

 

Tener una posibilidad de reducir el desempleo, parece imposible al ritmo de crecimiento que vamos. Tener cerca del 60 % de  la economía en la informalidad, no nos habla de que  podamos mejorar la recaudación y ordenar el país. Ser uno de los países que menos ingresos recibe por recaudación, puede añadirse a la vergüenza de no haber hecho los cambios necesarios en  una Reforma Hacendaria.

 

Tener una delincuencia tan libre  y con tanta impunidad, parece que no es el destino que nosotros queremos.

 

Hoy en día el gobierno ha perdido el control de la delincuencia hasta en las cárceles, ni ahí controla a los delincuentes. Esto llegar a ser algo inadmisible. Hacer cambios, pero no nada más al nivel del discurso, es un imperativo.

 

Hoy ya terminaron las precampañas de los partidos políticos para elegir candidatos a diferentes puestos de elección popular, en específico el de Presidente de la República.

 

Los  partidos políticos parecen haber encontrado ya, cada uno de ellos, con quién van a competir, con quién se sienten mejor para hacerlo. 

 

Iniciará una campaña de 90 días, donde cada uno de ellos, ella, habrán de hacer saber a la población cual es su idea de un nuevo gobierno.

 

Difícilmente alguno de los tres se podría atrever a decir  más de lo mismo, quiero continuar lo que funciona mal. Y aquí entonces el análisis de ustedes, de los jóvenes, de los académicos, de los observadores, de los interesados, será muy importante empezar a preguntar hacia dónde nos tenemos que dirigir.

 

Dentro del PRI en el Senado y la Cámara de Diputados tenemos un debate sobre tres aspectos de la vida nacional que es necesario contemplar. Muy necesario implementar una reforma,  y una de ellas es la de la gobernabilidad.

 

Hay que buscar un presidencialismo moderno y no un  presidencialismo a ultranza. Esto lo hemos platicado dentro del PRI, buena parte de nosotros, incluido obviamente el candidato que tenemos a la Presidencia de la Republica.

 

El segundo de ellos es el de una Reforma Hacendaria, que no busque cobrarle más a los mismos, sino cobrarle menos a todos con lo cual aumentaríamos la recaudación y evitar privilegios. Ese es el punto, los privilegios que no han permitido que las cosas funcionen en la recaudación. Mejorar también el gasto.

 

Y tercero,  reconocer que hay dos espacios en el mundo en donde se está contemplando la mejor posibilidad de impulsar un crecimiento, uno es el energético y el otro el de las telecomunicaciones.

 

El mundo gira necesariamente alrededor de la competitividad, y la competitividad se encuentra especialmente en esas dos áreas, pero para que esas dos áreas funcionen bien se necesita gobernabilidad moderna y se necesita buena recaudación. Parece sencillo, pero ahí es donde se encuentra verdaderamente el tema.

 

Dirán “se le olvida la pobreza”. No, la pobreza se resuelve con crecimiento económico. Los últimos años han intentado resolver la pobreza con programas sociales, en los cuales se busca mantener pobres a los pobres pero sacarlos de pobres; lo único que los saca de pobres es un buen empleo, es un buen ingreso, es una educación de calidad.

 

Esto viene incluido también en las políticas para el crecimiento económico, esto es lo que se discute dentro del PRI y estos son los planteamientos que en el futuro habrán  de hacerse.

 

Pero yo quiero platicarles más que de partido político, las tareas que deberá tener el nuevo Senado, que aquí está  Blanca, Juan Carlos, a los cuales yo les deseo que su gran profesionalismo venga acompañado de muy buena suerte y esto no es campaña sino solamente mi deseo. Y el otro asunto es qué van a hacer en la Cámara de Diputados, aquellos también que estén ahí incluidos, porque  se habrán de encontrar con estos retos.

 

Aquí es donde adquiere especial importancia, qué es lo que se le va a exigir a cada uno de aquellos que quieren ocupar un puesto de representación política, hasta que  posteriormente ya tengamos la oportunidad de tener candidaturas independientes.

 

Y esos aspectos se  van a encontrar ya depositados y muy discutidos en el Congreso. Congreso al que  ustedes tendrán que ponerle mucha atención, una observación específica hacia lo que están haciendo y mucha exigencia por resultados rápidos, porque estas nuevas generaciones a las que  ustedes pertenecen y que tienen el privilegio de obtener una educación de calidad en espacios como estos el de la Ibero y otros más, que son de calidad importante, habrán de desenvolverse como las  generaciones que  vendrán a sustituir a las que ya estamos a punto de  dejar el espacio para que ustedes vengan al relevo.

 

Identificar entonces, más allá de la anécdota, más allá de las posiciones partidarias o de simpatías –las cuales no se pueden omitir– los problemas que hay que abordar, es el mejor de los objetivos que muchos de nosotros tenemos en estas etapas de venir a platicar en cada una de las  universidades, cómo hacerle para crecer más rápido y mejor y sobre todo con mayor  igualdad.

 

No podemos seguir permitiendo que en México, además de que no se crezca, lo poco que se crece se crece en desigualdad. Entre más desiguales seamos, más violencia tendremos, más delincuencia habrá también en las calles.

 

Entre menos empleo obtengamos, más frustración habrá en el país.

 

Entre menos competitividad como país, menos inversión.

 

Voy a poner, para terminar, tres ejemplos sobre los aspectos de un presidencialismo moderno, de una reforma hacendaria y de una reforma energética y telecomunicaciones.

 

El primero, un presidencialismo moderno creo debe girar alrededor de buscar nuevas mecánicas para la interlocución entre Poderes. Hoy es una riña entre cada Poder. El Poder Ejecutivo riñe con el Poder Legislativo, y los dos se sujetan o pueden reñir con el Poder Judicial.

 

Por cierto, el Poder Judicial, siendo la última palabra, se puede pronunciar cuando quiera.

 

Hace poco en el Poder Judicial por fin se atrevieron a elaborar un proyecto de resolución sobre una controversia, que interpusimos en el Senado hace dos años y medio, sobre un acuerdo de equivalencia que nosotros pensamos es inconstitucional.

 

A dos años y medio de haber interpuesto la controversia, se puso sobre la mesa que no había interés jurídico. Para decir “no tiene interés jurídico el que interpuso la controversia”, no se pueden tardar dos años y medio.

 

Se resolvió 10 a uno que sí teníamos interés jurídico. Ahora, le van a entrar al fondo. Entonces, quizá dentro de un año o un año y medio más –con eso se sumarían cuatro años– se resuelve un asunto de controversia entre Poderes.

 

Necesitamos mejorar ese apartado, de lo que es la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, y las controversias dirimidas en el Judicial con rapidez.

 

El mundo no se detiene, debe tener velocidad. Y los Ejecutivos deben tener instrumentos para darle velocidad a sus decisiones.

 

Muchos de los países de Europa se están quedando atorados en el parlamentarismo, son muy lentos para la toma de decisiones. Y cada vez que ya están llegando a tomar una decisión para resolver un problema, ya les surgieron tres por lo tardado en ellos. Por eso hay que modernizar el presidencialismo en México.

 

No se trata de darle más poderes. No se trata de regresarle los poderes llamados metaconstitucionales, sino adecuar las estructuras.

 

En la parte hacendaria quién dudaría sobre lo que manifesté hace un momento. No se busca subirle los impuestos a los que ya pagan, sino que paguen los impuestos los que no lo hacen, y con esto ampliar la base gravable, pero esto solamente se puede lograr con estímulos.

 

Es posible y está demostrado en muchos países del mundo, que mejora la recaudación cuando se bajan los impuestos, no cuando se suben los impuestos a los mismos; cuando se bajan y se les cobra a todos por igual; cuando se acaban los privilegios. Pero sobre todo, se empieza a pagar más por la gente, cuando se dan cuenta que los gobiernos no dilapidan tanto, cuando hay control sobre el gasto.

 

Pero cuando ven gobiernos que dilapidan, que no dan resultados, no obstante tener el presupuesto mayor que se haya visto en la historia de México, difícilmente alguien quiere pagar más.

 

Y tercero, sí vamos a entrar a lo de yacimientos transfronterizos. Sí, hay que mejorar lo que es la reserva probada de petróleo, pero también hay por ahí un patrimonio específico que vale la pena que nosotros le pongamos mucha atención en el estudio posterior.

 

Yo lo platico como un ejemplo. Desde hace mucho tiempo sé que Dios existe. Discuto con algunos que a veces se dicen sus representantes, pero Dios sí existe.

 

No nada más existe, creo que Dios nos quiere mucho. Y desde hace mucho tiempo nos mandó petróleo, pero alguien por ahí se acercó a él y le dijo “oye diosito, ¿te acuerdas que le mandaste mucho petróleo a los mexicanos”? “Ya no hayan qué hacer con él, porque dicen que no se lo pusiste en un solo lugar, sino que está muy disperso”.

 

Entonces generoso y porque nos quiere mucho dijo “bueno, póngalo ahí en Cantarell, en un solo espacio”. Y ahí lo encontramos otra vez, casi el 50 por ciento de nuestras reservas en un solo lugar. En ningún lugar del mundo existe de esa manera.

 

Pero a los pocos años llegó otra vez el asesor y le dijo: “¿a qué no sabe qué, Dios?” “¿Qué pasó?” “Es que éstos ya echaron a perder el pozo, le pusieron hidrógeno de más para sacarle petróleo rápidamente; ahí un señor de apellido Fox lo echó a perder, y entonces otra vez están en problemas”. ¿Cómo, ahora qué hacemos? “Yo los quiero mucho, hay que mandarles gas Shell”.

 

“Sí, dice Dios, pero –sabio como siempre—ahora se los voy a mandar con un candado”.

 

El gas Shell no va a servir para que consigan más divisas, el gas Shell va a servir si lo explotan bien, para darles más competitividad, porque a partir de la explotación de ese gas, México podrá salir al mundo y decirle a todos “en México hay una mejor competitividad no porque hay mano de obra barata. En México hay mano de obra de calidad y se paga justo. Lo que sí tiene es gas a buen precio, mejor que en cualquier otra parte del mundo y con seguridad”.

 

Y si nosotros logramos más competitividad, tendremos más inversiones nacionales, más inversiones internacionales, que se traducen en más empleo, en más crecimiento, en mejora de la vida de cada uno de nosotros.

 

Creo que esa etapa está por descubrir cómo la exploramos. Espero que en el futuro no vaya a llegar el asesor y le diga “sabe qué, la pusieron en manos –la explotación—solamente de PEMEX y ahí se quedó y no lo aprovecharon”.

 

Hay que pensar también con modernidad dentro de lo que puede ser nuestro espíritu soberano y nacionalista, pero también de manera práctica.

 

Yo confío que en los próximos años mucho de esto se haga, como también en telecomunicaciones, en donde debe haber más competencia y mejores precios, en donde quien salga ganando sean los usuarios, seamos nosotros no nada más los concesionarios. Y con esto demos el gran paso  hacia las ligas mayores, que por mucho tiempo se nos ha negado y que nosotros no lo debemos permitir.

 

Lo digo confiado en que nosotros entendamos esto y que las nuevas generaciones que ustedes representan, estén seguros que así debe ser y lo lleven a cabo con su exigencia o con su participación.

 

Muchas gracias.