FERNANDO S. RAZO/ URUAPAN, MICH./ SAB-11-SEP/ El origen de las palabras se pierde en los tiempos de la onomatopeya o de plano de la ocurrencia (Onomatopeya = vocablo que imita o recrea el sonido de la cosa o la acción nombrada; Ocurrencia = idea inesperada, pensamiento, dicho agudo u original que ocurre a la imaginación).

 

“Frivolité” es una palabra francesa que significa frivolidad (frio), algo superficial, sin sustancia. Y se refiere a aquello que tiene más de decorativo, frívolo, frío (aquí un caso de ocurrencia).

 

Pero Frivolité también se le llama a una técnica de bordado que genera verdaderas obras de arte utilizadas en la tradición burguesa  para adornar a los que han considerado su aristocracia. Por eso lo de su sentido de frivolidad.

 

Paradójicamente, como especializada técnica artesanal (nada de frívola) es un privilegio ejercerla. Ello implica la utilización de materia prima (hilo) de la mejor calidad, desmadejarlo con esmero y ovillarlo con delicadeza en una pequeña lanzadera que el experto manipula con exquisitez y maestría. Después hace inicialmente nudos que entrelazados elegantemente arman un concepto bello y fantasioso del arte del bordado.

 

A semejanza de ello, he tomado los hechos de un acontecimiento como el hilo de la verdad y con delicadeza he tratado de desenredarlo para situarlo en esa lanzadera del teclado de mi paciente Pc para enhebrar y armar conceptos convincentes, mismos  que con pretendida destreza siempre procuran ser de buen gusto para los amantes del deleite por el concepto, de la irrefutable comprensión.

 

He desmadejado los temas, entre otros, del Estado de Derecho, del Medio Ambiente, del Sistema Educativo, de la Política y de la Cultura.

 

He asumido con certeza  fehaciente el tema de una ex presidenta que infringió el Estado de Derecho y es solapada por un Congreso y un “ilustre” diputado aferrado a encubrirle su arbitrariedad e inconstitucionalidad.

 

He abundado reiteradamente en el compromiso que tenemos con el Medio Ambiente que nos involucra pero que actuamos como si fuera nuestro esclavo, cuando es nuestro (hasta ahora) paciente protector.

 

He comentado sobre los vicios de nuestro sistema educativo que privilegia la “certifiquitis” y la “titulitis” por encima de las bondades del conocimiento, de la ciencia, de la tecnología. La oferta y la demanda se ponen a modo para el mercado de coleccionistas de diplomas, certificados y títulos, en el evidente ambiente de un sistema corrompido y (aún) solapado para mantener “la paz social” del propio sistema.

 

He señalado los vicios de la mala entendida política del arreglo para los votos, misma que apabulla el verdadero y noble concepto de la participación del pueblo en su propio devenir económico, social y ecológico (Desarrollo Sustentable).

 

He manifestado, sólo con el compromiso de mi propia convicción, mis ideas relacionadas con la esencia de la cultura de los mexicanos, de la protección al concepto real del matrimonio, de familia, del proceso natural de crear y desarrollar seres humanos.

 

Ese ha sido un Frivolité pretensioso en el bienestar de los humanos, que quiere a su familia, a su patria, a su entorno, a su planeta y al universo.

 

Ing. Fernando S. Razo