FERNANDO RAZO/ INFOMANIA/ URUAPAN, MICH./ MAR-17-AGO/ Los gustos son eso, la afición o inclinación por algo. Las preferencias son lo preponderante de los gustos, lo que más nos gusta. La palabra “algo” le da universalidad al gusto. Gustos hay infinidad.

Gustos o preferencias indudablemente pueden ser diferentes. Pero hay características naturales a cada individuo que lo predisponen a ciertos goces que le dan pauta a su forma de vivir.

El gusto por el sexo es una característica inherente a la inmensa mayoría de las especies que poblamos el planeta. El sexo en la naturaleza y el mismo placer de ejercerlo, se han desarrollado filogenéticamente para asegurar el intercambio de genes que fortalecen la descendencia. Las especies que no han fortalecido su genoma con el intercambio de genes han degenerado y hasta desaparecido.

Claro, los tiempos en que esto ocurre rebasan en mucho la añoranza de vida del ser humano, pero resumidamente esa es la historia, repito filogenética, del sexo y su objeto, así como pudiera ser la historia del gusto por cierto tipo de alimentos, esto último, relacionado con la necesidad de nutrirnos.

Las resultas naturales del sexo son la proliferación de la especie, también relacionada con la integración de grupos sociales de afinidad (Familia). Por supuesto que los que no intercambian genes no generan grupos fuertes de afinidad, aunque procedan de una cierta familia.

El sexo por el placer del sexo no es nuevo en la especie humana, pero no es ni podrá ser nunca el objeto natural del mismo. Los seres que lo encauzan de manera natural se fortalecen y se organizan socialmente en ese sentido. Lo otro es aberrante a la naturaleza y se pagan sus consecuencias.

La Psicología ahora explica los comportamientos socialmente diferentes que, en contextos diferentes a la costumbre orientada por la naturaleza, se pueden hacer habituales por el desarrollo del individuo en ambientes de anormalidad social.

Las bodas entre personas del mismo sexo no deberían ser la instauración formal de lo anormal. Y no quisiéramos pensar que la adopción de niños en estas circunstancias, nos hará pagar la culpa de formar individuos en un ambiente que no deja de ser socialmente muy diferente.

Debemos respetar y hacer respetar las preferencias de todos los individuos, pero el bien común tiene la prioridad ante eso, y lo común no ha de ser lo anti natura.

¿Qué le pasa al mundo? Ahora resulta que los hacedores de leyes y los grandes jueces de una nación las focalizan a proteger lo que daña no solamente la cultura de muchas naciones.

Lo expreso con todo respeto porque ya es noticia en vigentes culturas “de avanzada”, pero el “primo de un amigo” quiere mucho a su perrita. ¿Llegaremos pronto a ese nivel de modernidad?

El concepto de “Familia” debe ser protegido y orientado por su origen natural y social. Y es entendible que otros tipos respetables de relación se toleren, hasta se legislen, pero en un contexto que marque un contraste respecto a los valores éticos tradicionales que se están quebrantando.

El artículo 4° de nuestra Carta Magna establece que la Ley “protegerá la organización y el desarrollo de la familia”. No creo que la determinación de la Corte aporte mucho a este rubro constitucional.

Pero ¡Que modernos y vanguardistas somos ya en México! Especialmente en la comarca de Marcelo Ebrard.

Ing. Fernando S. Razo