FERNANDO S. RAZO/ URUAPAN, MICH./ JUE-05-AGO/ La mutua dependencia económica con nuestros vecinos del norte, es una realidad que rebasa en mucho cualquier criterio de quienes proclaman  políticas aislacionistas a ultranza.

Estados Unidos requiere de nuestra materia prima y de nuestra mano de obra, aunque no tanto de nosotros como consumidores de su mercado.

El ostracismo, como forma de gobierno, va contra lo que es la misma naturaleza del ser humano y de los grupos sociales que integra. La interdependencia es inherente, de hecho, a todas las especies.  El mismo genoma que nos caracteriza resulta fortalecido como especie cuando se comparten los genes que lo integran.

Que esto, que lo otro, como sea, las relaciones con los vecinos deberían se beneficiosas por muchas razones. Pero, cuando el vecino solamente aplica la “ley del azadón” (todo para acá), entonces esa relación debe ser revisada y reorientada con carácter.

Aparte de la problemática de la emigración-inmigración, sabemos que los hidrocarburos robados a PEMEX y los narcóticos son para el mismo cliente. Además, el aprovisionamiento de armas del mismo proveedor: Estados Unidos de América. “México tan lejos de Dios y tan cerca de nuestros vecinos los gringos”.

La arrogancia de nuestro gigantesco vecino ha sido y sigue siendo  manifestación constante en los intentos de arreglo relacionados con los temas anteriores. ¿Cómo revertir o medio equilibrar la balanza de las consecuencias sociales?

Gobernantes y diplomáticos van y vienen. Se gastan buenas sumas en concertación de acuerdos y sus fallidas consecuencias. ¿Hasta cuando?

En verdad el gobierno mexicano y los mexicanos deberíamos cambiar radical pero concienzudamente la estrategia de vecindad con el soberbio vecino.  Una estrategia que con mucho carácter y templanza se debe confrontar con políticas de condicionamiento de la misma buena vecindad.

La lucha contra los flagelos que nos agobian de este lado del río Bravo debe manifestarse y solicitarse ¡Ya! Equitativa.

El endurecimiento traerá consecuencias de revancha, pero debemos ser firmes en ese sentido. Todo problema es manifestación de una oportunidad en ciernes. El fortalecimiento del mercado interno debería ser el soporte basal que nos haría menos vulnerables a una tal reacción, pero el mismo mercado interno tendría en esa forma de reacción la oportunidad para fortalecerse más o para reencauzarse a rumbos que eliminen esa dependencia para con un mal vecino que no hace ni pretende hacer su parte.

Es cuestión pues de una reorientación de las estrategias económicas y de la diplomacia, pero que requiere del carácter del gobierno en turno y del hermanamiento de los mexicanos ante una decisión tal.

Ing. Fernando S. Razo