ERNESTO LEÓN/ INFOMANIA/ URUAPAN, MICH./ JUE-15-ABR/ Lejos de reconectarse políticamente con Los Pinos, Antonio González Rodríguez rompe hilos conductores que lo llevarían a mantener una mejor relación con el Ejecutivo Federal y, por ende, atraer mayores beneficios para el municipio que gobierna.

 

La visita de Cocoa Calderón Hinojosa fue desperdiciada por el alcalde, quien carece de los cabilderos especializados en tender este tipo de puentes. Es tiempo que reflexiones sobre sus colaboradores en materia de asesoría política, relaciones públicas y comunicación social.

 

En una era donde la imagen predomina la imagen sobre la palabra, el edil debería contar con un equipo sólido en estos temas, con profesionales del ramo que lo lleven a intentar borrar la imagen negativa que existe sobre la ciudad y sobre su persona misma.

 

Le mienten al presidente quienes le hablan al oído y le aplauden todo; aislándolo así de la verdadera vox populi que es implacable en sus agudos señalamientos. Bien le convendría al edil recordar la fábula del Príncipe y el Méndigo, en donde ambos personajes literarios intercambian ropajes que les ayudan a comprenderse.

 

En la obra literaria el monarca se acercó a sus súbditos quienes, pensando que bajo los harapos estaba un pordiosero, hablaban con toda franqueza de su sentir respecto al rey. Toño González debería hacer un ejercicio similar para entender que hay muchas cosas que conviene cambiar.

 

Para muestra, basta un botón: El recién culminado Tianguis Artesanal del Domingo de Ramos careció de los éxitos dolosamente publicitados por su Coordinador de Comunicación Social. Si no que le pregunten a hoteleros, restauranteros , transportistas y a los mismos artesanos.

 

En política, la forma es fondo y si el alcalde carece de la sensibilidad para entender que debe reconectarse con Los Pinos para que puedan fluir los recursos, sus operadores trabajan más para interponer obstáculos que para allanarle al camino.

 

Están por cumplirse los primeros 100 días de su segunda etapa de la administración y, lejos de recomponer el gabinete municipal, el alcalde parece el típico campesino resignado que se rasca la cabeza y piensa para sí “El surcco es largo, el suelo duro y con estos bueyes tengo que arar”.