Lamberto HERNÁNDEZ MÉNDEZ/ URUAPAN, MICH./ MARZO 2010/“ … Soy hija de la miseria y la desigualdad social, soy un caso ilustrativo de marginación por ser maya y mujer. He sobrevivido al genocidio y la crueldad”, ha manifestado en varios foros internacional la premio nobel de la paz 1992, Rigoberta Menchú Tum, quien este fin de semana estuvo en Uruapan donde ofreció una conferencia sobre los derechos humanos de los jóvenes.

 

Ha sido un símbolo de lucha por la justicia y por la dignidad. En el planeta entero, su nombre está asociado con la reivindicación de los pueblos indígenas; es un ícono mundial de esta causa a la que ha dedicado su vida en la búsqueda de la equidad.

 

Rigoberta nació un 9 de enero de 1959 en la aldea llamada Laj Chimel, municipio de San Miguel Uspatán, en el departamento de Quiché; creció en las montañas y fincas de la costa sur de Guatemala, desde pequeña, sufrió la injusticia en la forma de discriminación, racismo y explotación.

 

Fue trabajadora agrícola y a temprana edad fue a la ciudad donde se desempeñó como empleada doméstica, aprendió el idioma español a los 12 años de edad. Ha vivido en carne propia la discriminación étnica.

 

Una conferencia programada para las nueve de la mañana en el Centro Cultural DIF, el cual estaba abarrotado desde temprana hora por jóvenes de diferentes planteles educativos, aunque la parte superior de las butacas lucía vacío, se sentía un gran ambiente previo al evento que a cada minuto que pasaba, desesperaba; un escenario adornado de vistosos colores y un gran letrero que decía: “Qué rollo con México”,  al frente verdes plantas en macetas, al fondo una pantalla donde se observaban las imágenes captadas por varias cámaras televisivas colocadas estratégicamente.

 

El local, alumbrado magistralmente, en la parte alta de los costados, en las paredes laterales, enormes fotografías alusivas a la artesanía, al Parque Nacional, rostros humanos, la huatápera o de gastronomía tradicional; hay nueve cuadros a cada lado; tres enormes filas de butacas se iban llenando poco a poco, al frente y del lado derecho, los de prensa, al centro invitados especiales y a la izquierda, grupos de indígenas.

 

Al frente, parecía una pasarela, llegaban los políticos y funcionarios que mostraban sus mejores sonrisas, como en época de campaña, se saludaba y abrazaban efusivamente con la respectiva palmada en la espalda; vimos por ahí a David Garibay Tena en representación del gobernador; su papá el senador Jesús Garibay García, Antonio González Rodríguez presidente municipal; Jaime Aguilar González de la Universidad Michoacana, Marco Trejo Pureco de jóvenes emprendedores y Diana Hernández del grupo Actúa, entre otros.

La hora de inicio del evento se alargaba; fue hasta las 09:40 horas en que se escuchó por las bocinas que era la primera llamada, en los 10 siguientes pasó la segunda y tercera. A las 09:50, la banda de guerra de la Escuela Forestal, gallardamente con la escolta, luego vendrían los largos y tediosos discursos; llamó la atención la introducción del discurso Marco Trejo en Purhépecha, pero los asistentes incrédulos y sorprendidos volteaban a mirarse uno al otro como preguntándose, qué dice?, qué dijo?, y así nos quedamos todos porque nunca lo tradujo. Terminó con un pensamiento de Charles Chaplin.

 

Tras varios oradores, finalmente el evento quedó inaugurado por el alcalde a las 10:10 horas, pero la conferencia de Rigoberta Menchú sería hasta después de las doce horas. Antes, había que trasladarse al hotel Mansión del Cupatitzio, en un pequeño saloncito llamado Colibrí, se llevaría a cabo una conferencia de prensa. Allá fuimos.

 

Había ahí unas 30 personas entre reporteros, fotógrafos y “colados”, apenas unos minutos, hizo su aparición por una pequeña puerta de madera, Rigoberta Menchú, de estatura bajita, tez morena, vestía una blusa o huipil bordado al frente con punto de cruz, muy parecidas a las que elaboran las artesanas de Tarecuato, sobre su pelo, una diadema en forma de telar de cintura, característico en su figura; una falda y delantal al más puro estilo de las mujeres purhépecha. Saludó a los presentes mientras se acomodaba frente a una pequeña mesa, flanqueada por tres jóvenes.

 

De entrada, mi compañera Grecia Ponce, quien también lucía una blusa blanca bordada a base de punto de cruz, muy colorido, como para no quedarse atrás,  lanzó la primera pregunta: ¿Qué opina de Barack Obama, el Subcomandante Marco y Evo Morales?. La premio Nobel de la paz ni se inmutó, de inmediato le contestó. Siguieron las preguntas mientras que Ángel Guzmán, de canal 7 de TV, trataba de fungir como moderador.

 

Habló de varios temas como la trata de personas, feminicidios, los pueblos indígenas, del contraste en México donde está el hombre más rico del mundo, pero también los más pobres, de lo cual dijo es una verdadera vergüenza.

 

Otra de las preguntas fue de Arturo Rodríguez sobre la violación a los derechos humanos de los civiles por parte de los militares y federales, dijo que quienes lo hagan, deben ser denunciados, darle seguimiento y llevarlos ante los tribunales para dejar un precedente y no seguir con esta impunidad que vivimos.

 

Al final, amablemente posó para la foto del recuerdo con los chicos de la prensa.

 

Rigoberta Menchú ha vivido desde 1981 exiliada en México, debido a la represión que vivió su familia en Guatemala. Su papá, Vicente Menchú Pérez, un hombre luchador por la tierra y los derechos de los indígenas, murió el 31 de enero de 1980, quemado junto a 38 personas más, durante el asalto de las fuerzas policiales de Guatemala a la embajada española, ocupada pacíficamente por campesinos y estudiantes, para denunciar la violación de los derechos humanos del régimen militar de Romeo Lucas.

 

Su mamá, Juana Tum K’otoja, era una experta partera, fue secuestrada el 19 de abril de 1980 y hasta la fecha se desconoce su paradero.

 

Su hermano Patrocinio Menchú, fue secuestrado el 9 de septiembre de 1979 y tampoco ha aparecido.

 

Su hermano Víctor Menchú, fue asesinado por el ejército guatemalteco el 8 de marzo de 1983.

La represión se ensaña contra su familia y por ello es obligada a exiliarse, desde México sigue denunciando en genocidio en su país y emprende a nivel internacional la defensa de los derechos de los pueblos mayas, lo que le valió que en 1992, fuese la primer mujer indígena en recibir el premio Nobel de la Paz, en representación de los pueblos indígenas, en el 500 aniversario del llamado descubrimiento de América.