INFOMANIA.COM.MX/ URUAPAN, MICH./ JUE-04-FEB/ Ante lo que consideraron como una privación ilegal de la libertad, retención ilegal de personas y violación a sus derechos humanos, una veintena de pasajeros inconformes se dirigió hacia la cabina del avión Araceli, de la aerolínea Volaris para exigir que les permitieran descender a tierra tanto para trasladarse hacia sus destinos finales como para atender sus necesidades fisiológicas.

 

Este episodio ocurrió en el vuelo 801, que partió de la ciudad de Tijuana, Baja California, a la 1:40 de la madrugada, tiempo local; con una llegada a Uruapan prevista a las 6:45 de este jueves 04 de febrero.

 

Eran las 6 de la mañana con 9 minutos cuando el piloto anunció a los 120 pasajeros que estaban iniciando las maniobras de aterrizaje pero que carecían de información meteorológica oficial.

 

Por esta razón, subrayó, en caso de ser necesario se harán sobrevuelos para esperar que mejore el tiempo y en caso contrario volarían hacia el aeropuerto de Guadalajara “tenemos el combustible suficiente y les mantendremos informados” remarcó al micrófono.

 

Conforme pasaban los minutos y el avión se sacudía entre la turbulencia y en medio de la intensa lluvia dando giros sobre Uruapan hasta que a las 7 de la mañana con 20 minutos, los propios pasajeros comenzaron a atisbar un paisaje de campos agrícolas inundados que los desconcertó pues nadie les informó sobre el nuevo destino del vuelo 801.

 

Cuando aterrizaron en el Aeropuerto Internacional Francisco J. Múgica y se disponían a descender del avión con su equipaje de mano, fueron advertidos que las autoridades aeroportuarias rechazaban el descenso de pasajeros.

 

Fue así que los viajeros comenzaron a desesperarse, ante la imperiosa necesidad de alimentarse, estirar las piernas, refrescarse un poco y llegar a su destino porque había personas que viajaron para atender asuntos urgentes.

 

La tripulación intentaba calmar a la gente solicitándole paciencia y comprensión haciéndoles creer que en corto tiempo despegarían nuevamente para aterrizar en Uruapan; espera que se prolongó hasta el hartazgo de la mayoría de los ocupantes del vuelo 801.

 

Fue en esta fase que algunos pasajeros se manifestaron decididos a bajar del avión, porque consideraron que el personal de Volaris les estaba tomando el pelo.

 

Posteriormente les dijeron que había permiso para que descendieron voluntariamente y que los restantes deberían esperar dos opciones: la reanudación del vuelo o el traslado por autobús hacia el aeropuerto de Uruapan.

 

El personal de tierra demostró su incapacidad para atender este tipo de incidentes porque daban órdenes y contraórdenes sin que llegara el transporte prometido bajo el argumento que la carretera estaba en muy mal estado y tardarían una hora en arribar al aeropuerto.

 

Mientras tanto, en Uruapan crecía la angustia de los familiares que esperaban a sus consanguíneos sin que les informaran con certeza el estado de los viajeros ni el motivo de la tardanza. Se supo de personas que realizaron hasta tres idas a la terminal aérea para indagar sobre el paradero de sus seres queridos hasta que fueron enterados de su estancia obligada en la capital del Estado.

 

Finalmente, con 9 horas de retraso, unos 80 pasajeros arribaron al aeropuerto de Uruapan trasladados en autobuses turísticos, sin recibir una disculpa formal de la empresa Volaris ni comprobante alguno del reembolso al que tienen derecho por haber incumplido con la llegada a tiempo.