INFOMANIA.COM.MX/ MORELIA, MICH./ LUN-01-FEB/ La exsecretaria de Seguridad Pública remitió a los medios una sentida misiva sobre su estado emocional tras haber recuperado la libertad que le fue privada en el Michoacanazo.

 

Aquí la transcripción de la misiva.

 

«Redacto estas líneas desde la intimidad, acompañada de los míos, intentando salir de la catarsis en la que me encuentro, buscando sentirme incluida en la vida de un hogar del que fui sustraída ilegalmente. Cada rincón, cada espacio que recorre mi vista me parece por momentos distante, ajeno e irremediablemente me llegan a la mente los recuerdos vívidos de esos minutos en los que comenzaron a violentarme mi vida.

 

La ansiada espera de recibir las noticias que confirmaran mi inocencia por parte de las autoridades del Poder Judicial de la Federación fue doblemente larga de los 250 días que estuve forzosamente alejada de mis proyectos de vida personales y profesionales que nada ni nadie me podrá recuperar. Y, por fin siendo la 1:40 de la madrugada del pasado 30 de enero en el interior de la fría celda del C.E.R.E.S.O Lic. David Franco Rodríguez, llegó la notificación de la resolución de la apelación dictada por el magistrado del primer Tribunal Unitario de Circuito del Centro Auxiliar de la Séptima Región, con sede en Acapulco, Guerrero, misma que ordenó mi absoluta e inmediata libertad por no haber indicio alguno en la participación de un delito. Por fin se hizo cumplir la ley.

 

No soy la misma mujer después del 26 de mayo. Ninguno de los que eso padecimos lo seremos, Michoacán, su vida política, y el de las instituciones y leyes violentadas, ya no es el mismo.

 

Los días de prisión, con todas las experiencias vividas dentro de la fatalidad en compañía de mujeres, me llevaron a conocer la verdadera condición humana y sus polos opuestos: la ruindad y la grandeza, lo que me permitió ser una mujer aún más fuerte, colmada de experiencia que nadie me podrá quitar. Así como nadie me arrebató el amor incondicional, apoyo y confianza de los míos: de mi madre, de mi esposo, quien no me dejó sola todos estos días, e incluso compartió la vida diaria en mi prisión, así como de mis hermanos y el resto de familiares y amigos que me acompañaron por este amargo tránsito. No necesito decir nombres, cada uno sabe quién cumplió y quién se desatendió. No lo olvidaré.

 

Agradezco a la comunidad universitaria, a mis amigos nicolaitas y con especial respeto a las diversas autoridades eclesiásticas quienes escucharon nuestro desahogo espiritual para tener la fe y fortaleza de la que cada día necesitábamos. No puedo dejar de agradecer a las comisiones legislativas federales y estatales que han trabajado arduamente por la restitución del Estado de Derecho. A las ONGs que hicieron que nuestra voz fuera escuchada, a la CNDH y CEDH. Asimismo a diversos actores políticos partidistas quienes han jugado un papel importante en estos meses y a mis compañeros de partido, el PRD.

 

Esta experiencia tan cruda me hizo reflexionar sobre la urgencia de las reformas al sistema de justicia, penal y de readaptación social, así como el abuso del poder.

 

No perderé mi tiempo en mencionar a los que actuaron de forma deleznable. Al final del día, yo, y ustedes, sabemos quién es cada uno; el tiempo nos pondrá en nuestro lugar. Este proceso legal aún no concluye, confío en que pronto salgan en libertad los que son inocentes, mi respeto para ellos.

 

Papá, estoy de regreso tal y como te lo aseguré (de nuevo en mi ciudad queriendo absorber por cada uno de mis poros, y con todos mis sentidos desde lo que pareciera lo más insignificante hasta lo más majestuoso de mi tierra) viéndote de frente, con la mirada en alto y mi inocencia comprobada. Tu sabes que me mancillaron, pero la justicia llegó».